" Creía finito el mundo. Un mundo, el único que conoció. Le había abierto unos días, unos años, las puertas del mundo. Se fue su mundo y se quedó sin mundo. El pasado era ya como una ficción en la memoria, el presente, casi una utopía. ¿Dónde ahora? ¿qué lucero de la noche más que del alba, le guiaría ahora por el nuevo mundo, sin su mundo y en este perro mundo?. Mi mundo -se decía- no es ya de éste mundo, porque mi mundo abandonó ya el mundo y , con él, me dejó el mundo entero.
Una noche, un lucero vino a decirle: El mundo, tu mundo, te espera, aún es bello y tú eres joven." (No recuerdo de quién es. Es de un recorte de periódico.)

Gracias pater, por éste regalo que me hiciste y que, aún hoy, sin saberlo, sigues regalándome. Hay regalos que no se rompen, ni se pierden, ni se gastan. Hay regalos que no tienen precio.

Saludos desde las alturas.

Un lucero en la noche